El pueblo argentino se mantiene firme contra el gobierno neoliberal de Milei

La resistencia popular contra el régimen neoliberal encabezado por Javier Milei no cede. En las últimas semanas, ha cobrado nueva fuerza con el despertar de un actor históricamente combativo: los jubilados. Este sector, históricamente golpeado por los recortes sistemáticos de distintos gobiernos, ha salido a las calles exigiendo la dignificación de sus pensiones y en rechazo a las políticas de ajuste que profundizan la exclusión social.

Las movilizaciones han sido reprimidas con violencia por las fuerzas de seguridad. Ni la avanzada edad de los manifestantes ni su legítimo reclamo impidieron que la represión se ejecutara con brutalidad. A los jubilados se han sumado hinchas de fútbol, sectores populares y organizaciones sociales que, en un acto de solidaridad activa, también han enfrentado la represión. Las imágenes de policías golpeando a ancianos, como el caso de una mujer de la tercera edad que terminó hospitalizada tras recibir un golpe en la cabeza, han despertado la indignación de amplios sectores de la sociedad.

Sin embargo, la represión no ha logrado desmovilizar. Por el contrario, los manifestantes se han reorganizado y continúan en las calles. La resistencia se multiplica: cientos, miles de argentinos se están sumando a la lucha.

Los jubilados son una de las principales víctimas del ajuste impuesto por Milei para cumplir con las exigencias del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Con una jubilación mínima que apenas supera los 300 dólares —muy por debajo de la línea de pobreza— y la congelación del bono de refuerzo de 70 dólares, la situación de este sector se vuelve insostenible. A esto se suma la liberación de los precios de los medicamentos, que han duplicado su valor en pocos meses, superando incluso la tasa de inflación.

Estas medidas son expresión pura del proyecto neoliberal impulsado por la gran burguesía local y los monopolios transnacionales. Un proyecto que profundiza la dependencia, destruye los derechos conquistados y arremete contra los sectores populares en nombre de una supuesta libertad que, en realidad, sólo beneficia a los grupos concentrados de poder.

A la par de la represión estatal, los grandes medios de comunicación —cómplices históricos del poder económico— cumplen su rol de desinformar. Replican sin filtro los discursos oficiales, acusando a los manifestantes de buscar la desestabilización del gobierno. Declaraciones como las de Patricia Bullrich, quien afirmó que la policía había “neutralizado un intento de voltear al Gobierno”, revelan el nivel de cinismo y desconexión con la realidad.

Incluso se llegó a amenazar con sancionar a los hinchas que participaran en las manifestaciones, restringiéndoles el acceso a los estadios. Pero esta medida no logró frenar el creciente respaldo popular. Lejos de intimidar, expuso la debilidad política del gobierno de Milei, que intenta minimizar las movilizaciones antes y después de que ocurran.

Entre los manifestantes hay una convicción clara: el gobierno teme que el descontento se transforme en un torrente imparable. La gran movilización de los jubilados ha encendido una chispa. Y cuando el pueblo toma conciencia de su fuerza, ni la represión ni las mentiras del poder pueden detenerlo.

Fuente: En Marcha

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